Hasta siempre Raúl Amaral. Se fue Amaral

Autor: Victorio V. Suárez
FUENTE: Diario ABC Color, Sección Cultural
Fecha: domingo 10 de diciembre de 2006

Hasta siempre Raúl Amaral

Fue amigo de nuestro país hasta las últimas consecuencias porque dio todo de su enorme talento, de su afán de investigador, de su periodismo bien cultivado, y de su vasta literatura al Paraguay. Si bien nació en Argentina, en la provincia llamada 25 de Mayo, se hizo hombre de letras, literato, investigador, erudito, y figura pública en nuestro país. En los últimos días de su larga enfermedad, que lo tuvo postrado en el lecho por más de dos años, todavía escribía y publicaba libros. Me consta que, a pesar de su condición de enfermo, gozaba de una fuerza de voluntad ponderable. Cuando fuimos, hace muy poco tiempo, William Báecker, Luis María Martínez, Efraín Enríquez Gamón, Emi Kasamatsu y yo, a entregarle su pergamino de socio honorario del PEN Club, nos encontramos con un Raúl Amaral amigable, sonriente, de larga, entusiasta y brillante charla. Creo que él fue una de esas rarezas intelectuales que para fortuna de los novecentistas (a quienes estudió metodológicamente, haciéndolos conocer en toda su vastedad) echó raíces en nuestra patria. Era un hombre infinito, y a la vez, tan humano. Lo recordaremos siempre a través de sus obras: La sien sobre Areguá, Escritos Paraguayos, El romanticismo paraguayo, Breviario aregüeño de Gabriel Casaccia, El Modernismo Poético en el Paraguay.

SE FUE AMARAL
a: Raúl Amaral

Se apagó la sabiduría milenaria
montó la aurora y desató trenes
con esencia de lapachos
para llegar a Dios.

El día se esfumó en sus pulmones
sonrió con mucha añoranza
y tejió con su luenga barba
la nostalgia que nos quemará
perpetuamente.

Siempre será un pájaro
encendido en la distancia
de su mudez florecerán algodonales
tibios
y los arreboles del viento
nos recordarán que fue durante su vida
la carne de Aldebarán movida a tropel
de misterios y fulgurantes estaciones.

Se fue con el aroma de los cocoteros
en flor que adornan este diciembre.

Cruzó el límite
llevó consigo la sinfonía del Bardo Thodol
y el enjambre de luz que traspasa los muros
para colgar su vestidura en la plenitud
de las sombras que indefectiblemente llega.

Se fue, entero,
con su perfil maduro
y su piel de silencio
que nos enmudeció a todos.

Victorio V. Suárez.
3 diciembre de 2006


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