El adiós a Raúl Amaral

Autor: Luis María Martínez
FUENTE: Diario ABC Color, Sección Cultural
Fecha: domingo 10 de diciembre de 2006

El adiós a Raúl Amaral

El pasado domingo falleció en Asunción el historiador de nuestras letras, Raúl Amaral. Con su trabajo paciente, ordenado, riguroso, consiguió que hoy fuesen conocidos y admirados muchos de los intelectuales que han permanecido ocultos, olvidados, marginados, mal comprendidos, generalmente por razones políticas.

En sus exequias se han pronunciado sentidas palabras de agradecimiento por su prolongada labor –extendida hasta el instante final de su vida– centrada en el rescate de los auténticos valores literarios y artísticos reunidos en lo que se dio en llamar la generación del 900. Por el juicio crítico de Amaral pasaron los principales movimientos literarios del país, en los que halló nuevas aristas que los iluminan. Con su muerte, el país pierde a un gran hombre, a un gran intelectual.

Podemos afirmar con muchísima razón que don Raúl Amaral, insigne polígrafo e investigador cultural, parte hacia el recuerdo o hacia la posteridad tras el deber cumplido. Lo expreso en representación de la Sociedad de Escritores del Paraguay.

Fue el más serio y encumbrado investigador de la generación del 900. Aquella que trató de reanimar con hálitos de vida a la patria caída en 1870 en la más horrenda postración. Generación que reivindicó a héroes y combatientes de la Gran Guerra de la resistencia patria.

Desde “la noche antes”, sus componentes, se sabe, se erigieron en resucitadores-guías de la nación caída como en un despeñadero. Fueron precursores del patriotismo de verdad y primeros representantes de la intelectualidad virtuosa, romántica y racional en los caminos del porvenir, cuya tarea nunca ha de acabar.

Se dijo de don Raúl Amaral que fue escritor paraguayo nacido en la Argentina. Y es verdad. Llegó prácticamente en la década del 50 (siglo XX ) cual peregrino, sólo con su morral de ensueños. A poco agitó y desempolvó viejos impresos que a nadie había llamado la atención. Se hizo investigador y se avino al papel de archivero mayor de la República. Insufló vida nuevamente a hojas muertas o carcomidas por la acción del tiempo con la enjundia de su interés. Fue así amanuense de la historia desatendida y exánime del país. Poco hace que ganapanes minúsculos de la política anacrónica y funeraria de nuestros días, parceláronle suma insignificante a sus reales merecimientos. ¡Qué inaudito! ¡Qué lamentable acción de quienes decidieron ser nadie en los avatares de la nación! Victorioso representante de la intelectualidad laboriosa, el Maestro don Raúl Amaral deja imborrables huellas en los campos inevitablemente contradictorios de la cultura.

Le corresponde con toda justicia la máxima condecoración de la república heroica, aquella fecundada en el último bastión de Amambay, en Cerro Corá, por quienes habían llegado casi desnudos y sólo con el coraje, y que lo dice todo: “Venció penurias y fatigas”.

Por lo demás, ya reposa en paz y en la gloria nacional, este gran hombre nacional, que supo erigirse su propio pedestal.

Luis María Martínez.

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